Cómo iniciar los cambios en educación: La biblioteca

Alicia y Glòria nos ayudarán a entender cómo la biblioteca forma parte ineludible del cambio. Lograr que el alumnado sea capaz de acceder a la información, de tratarla y comunicarla de manera adecuada, habiendo servido a los propósitos del conocimiento. Aprender y enseñar a pensar requiere de mucha lectura, escritura y oralidad en diferentes soportes y formatos, requiere del uso de la biblioteca.

En estos momentos de desconcierto e incertidumbre, los centros vagan de un tipo de formación a otra: neurociencia, aprendizaje cooperativo, inteligencias múltiples, mindfulness, cursos derivados del tema de la convivencia, de la igualdad de género, gamificación, innovación de todo tipo, a saber, relacionada con agentes, con alumnado, con medios, con recursos, con espacios… ¿Hasta dónde podremos llegar? ¿Y qué repercusión puede tener tanta variedad en la realidad y las necesidades de los centros?

Sin menospreciar ninguna de las ofertas, resulta poco convincente que cada uno se forme en lo que quiera o que de un tema se vaya a otro, sin mantener una línea de trabajo que aúne intereses, que surja de necesidades reales y cotidianas, es decir, que venga provocada por una reflexión y que convoque a un equipo para trabajar por la mejora de la enseñanza de cada día. Y después, habiendo priorizado una línea de trabajo, en función de las necesidades, veremos el modus operandi.

No cabe duda de que la biblioteca en el día a día, debería ser pieza angular, lo cual supone que el profesorado conozca los recursos, que los actualice, que vea su relación con las áreas curriculares, que aprenda a trabajar con una variedad de recursos (entre los que puede estar el libro de texto) que sepa ayudar a acceder a la información, que pueda trabajar con el alumnado para que esta información se transforme en conocimiento y que todo esto pueda ser comunicado con las herramientas necesarias. En esto consiste la competencia informacional y digital. Sabiendo también, que la lectura la escritura y la oralidad en lo impreso y digital se apoya, sobre todo en los inicios, en la literatura, que acompaña a la competencia lingüística.

Hablamos de leer, escribir y hablar sobre los textos impresos o digitales, hablamos de tratar y comunicar con los recursos necesarios y de desarrollar actuaciones coordinadas para que el espacio de la biblioteca se mantenga vivo durante toda la vida.

Es el día a día de nuestros centros…pero, lamentablemente, la biblioteca sigue vacía de docentes, de niños y niñas, de adolescentes y universitarios. Quizá sea el momento de plantear una formación inicial y permanente, diferente, alternativa, más funcional y real, generada en los centros y para los centros.

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